Informativo Hivimar
Artículos
imprimir artículoenviar artículo a un colega
“¿Cómo es posible inculcar en el empresario ecuatoriano una cultura de planificación a largo plazo? Cada vez más siento, que lo que está pensando el industrial ecuatoriano es ¿a qué país voy a mudar mi planta, Perú, Colombia… Panamá?”.
Estas son las preguntas que me hacía un Gerente de Compras Corporativo, responsable de más de 100 millones de dólares al año, cuando caminábamos por la gran playa de Olón. Una semana atrás, en la misma playa, un Director Financiero de otro importante grupo empresarial me decía algo parecido: “La planta tiene que rendir al máximo, hasta que reviente. Esa es la filosofía del grupo”.
Frente a estos comentarios uno no puede dejar de reflexionar ¿es que acaso nuestros mercados son tan simples que no se necesita una cultura de planificación a largo plazo? Es decir, la consigna de producir con la máxima calidad, en el menor tiempo posible, al mínimo coste posible, con un alto grado de flexibilidad ¿simplemente no resulta?
Para los que no han oído del término antes, KAIZEN es una palabra japonesa que se traduce como “mejoramiento.” Kai= cambio, y Zen = bueno: “cambio para bien”. Se la utiliza para “describir un proceso gerencial y una cultura empresarial que ha llegado a significar mejoramiento continuo y gradual, implementado mediante la participación activa y el compromiso de todos los empleados en lo que dicha empresa hace y, más precisamente, en la forma cómo se realizan las cosas”.
Si Taiichi Ohno, experto japonés e impulsador del KAIZEN en los 70s, estuviera leyendo este artículo me diría: Javier, no importa si la planta va a reventar, lo que importa es que todos los empleados sepan el momento exacto en que lo va a hacer... KAIZEN pide que todos participen, utilizando tanto sus cerebros como sus manos. Para el KAIZEN, cada uno de los empleados tiene sólo una parte de la información o la experiencia necesaria para cumplir con su tarea. Dado este hecho, la red de trabajo y la inteligencia social tienen cada vez más importancia para poder triunfar en un mundo donde el trabajo se hace en equipo.
Además, KAIZEN sostiene que todos, no importa su título o puesto, deben admitir con sinceridad cualquier error que hayan cometido y las fallas que existan en su trabajo, para luego tratar de hacer una labor mejor. El progreso es imposible sin la facultad de admitir los errores. KAIZEN también implica identificar el desperdicio en los movimientos de trabajo ya que con frecuencia, los trabajadores no están conscientes de los movimientos innecesarios que hacen.
El paraguas KAIZEN es una compilación de técnicas y luce así:

Bien implementado, el KAIZEN debería de producir el siguiente efecto:

Ahora que está un poco más claro su concepto, se estarán preguntando, ¿es entonces posible implementar una filosofía KAIZEN en el Ecuador? Sí, si lo es. Pero primeramente, el KAIZEN debe de ser visto como un fin y no como un medio. No es una técnica, es una perspectiva para abordar un problema. Segundo, debe de ser promovido y auspiciado desde arriba. Es el Director General y su equipo, quienes deben “comprar la idea” primero, y luego evangelizarla internamente. Por supuesto, proviniendo de un país como Japón, es imprescindible robustecer el Recurso Humano para lograr lo anterior.
Una vez realizado lo anterior se puede marcar claramente el rumbo. “Reventar la máquina” puede significar incrementar en un 50% la producción, a un 95% de confiabilidad, con 15% más de calidad, generando un 20% de ahorro, y en un 15% menos de tiempo... Los objetivos serán posibles sólo si toda la empresa es partícipe del cambio. Imagínese el grado de compromiso e involucramiento si algunos de estos objetivos fueran propuestos por los mismos trabajadores... tendríamos finalmente nuestro KAIZEN criollo.
¿Interesado en implementar estas
soluciones en su empresa? ¡Consúltenos!